Curiosidades maltesas

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Malteses en la Gruta Azul.

Sí, ya sabemos que llevamos semanas hablando de Malta pero es que, antes de despedirnos de este pequeño pero increíble país queremos contarte algunas cosas que, al menos a nosotros, nos parecieron curiosas.

El viaje a Malta fue el viaje de nuestra luna de miel y, aunque pueda parecer raro, no pudimos dedicar prácticamente nada de tiempo a la preparación del mismo. Quizá por ello y porque había sido colonia inglesa, creíamos que sería una isla llena de ingleses pero en mitad del Mediterráneo. Nada más lejos de la realidad.

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Lugareños a la fresca en Żurrieq.

Si bien es cierto que hay influencia inglesa en forma de alguna cabina telefónica roja, carteles en inglés y que te puedes comunicar en lengua inglesa en casi cualquier circunstancia (y, más te vale, porque el idioma maltés deriva del árabe y es dificilísimo), nos sorprendió descubrir que los habitantes de dicho país son más bien de marcado carácter mediterráneo.

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Iglesia Santa Katerina, Vergni u Martri en Żurrieq.

Los malteses nos parecieron agradables, amables, religiosos (con 365 iglesias -una para cada día del año-), tradicionales y conservadores (el divorcio no se legalizó hasta el 2011, con sólo un 53% a favor del mismo), de buen comer (y tomarse su tiempo para ello) y muuuuuy tranquilos (todo el mundo tenía muuuucha pachorra).

Para movernos por la isla lo hicimos en la flota de autobuses que salen desde la capital, Valeta, a toda la isla (a parte de los ferries al ir a Gozo y otras embarcaciones). Antes sus típicos autobuses tenían mayor encanto, por lo que nos han contado. Los de ahora son como los autobuses urbanos que, al menos en España, se usan para dentro de una misma ciudad pero que en Malta se usan para recorrer toda la isla. Una cosa muy curiosa con respecto a los autobuses es que ponen el aire acondicionado muy muy alto. Eso sí, pareciera que los malteses son inmunes al frío, porque mientras ves a todos los extranjeros sacar de sus mochilas chaquetas y ropas de abrigo una vez que entran en el autobús para volver a quitárselas al bajar, los malteses hacen el trayecto tan campantes con sus pantalones cortos y sus camisetas de manga corta. ¡Nunca pasé tanto frío en un autobús!

Hay que tener cuidado, también, tanto si vas en bus como en cualquier otro medio de transporte por carretera, porque la conducción no parece ser su fuerte. Nosotros estuvimos a punto de alquilar un coche y desistimos porque nos avisaron de ello, ya que sumado a la herencia inglesa de conducir por la izquierda nos parecía demasiado. Y, de hecho, agradecimos no haberlo hecho, porque durante la semana que estuvimos, vimos algún que otro accidente además de varias pirulas. Eso sí, ni pitan ni se ponen agresivos aunque tengan que esperar 5 minutos a que quiten un coche mal aparcado para que pueda pasar el autobús (otra vez la pachorra), cosa que nos chocó bastante.

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Restaurante en Vittoriosa.

Recordamos también una noche que nos acercamos a Il-Birgu (Vittoriosa) a cenar para después dar un paseo por la ciudad. Bien, pues del paseo tuvimos que desistir ante el “secuestro” por parte del restaurante elegido. Era un sitio muy peculiar, ya que no tenían carta. El camarero vino y nos dijo que ellos ponían un montón de platos diferentes, que prácticamente todos los ingredientes vegetales eran de cosecha propia (ellos mismos los cultivaban en el huerto de detrás del restaurante) y que mimaban todos los pasos desde la recogida o compra de los alimentos hasta el resultado final que servían en la mesa. Empezaron a traer platos hasta aburrir (espárragos con calabaza, una especie de pisto con mucha berenjena, embutido, diferentes tipos de hummus, una especie de migas con aceite y perejil, verduras a la plancha con queso fresco, aceitunas, atún desmigado y ravioli de queso ricotta). Comenzamos a probar unos y otros mientras pensábamos que no podríamos acabar con ellos ni aunque nos dejaran allí toda la noche. Intentamos no pensar en las cantidades y disfrutar de los sabores y aromas de todas y cada una de las comidas que nos habían servido. Cuando por fin nos dimos por cenados (quedando aún platos con comida en ellos) y pensábamos ver que tenían de postre para endulzar nuestro paladar antes de salir al paseo, nuestro camarero nos informó de que después de los entrantes venía el plato principal. Pero… ¿ENTRANTES? ¿Lo que habíamos comido eran sólo entrantes? Estaría de broma, ¿no? Pues no, no lo estaba. Incrédula, escuchaba a Jaime hablar con el camarero en inglés pensando que no podía ser verdad lo que estaba entendiendo. Teniendo en cuenta que mi inglés no es muy bueno tampoco sería raro. Pero, mientras el camarero nos dió tiempo para pensar, Jaime me confirmó que había entendido bien y que parecía que nos iban a servir un plato con un guiso de cerdo que habían macerado durante numerosas horas, cocido y no sé cuantas cosas más… No me lo podía creer. Estábamos cenando, no comiendo. Esas cantidades de comida ya nos parecían mucho en una comida, cuanto más en una cena. No, no podíamos tomarnos ese plato o reventaríamos. Además era muy tarde, si queríamos ver un poco de la ciudad teníamos que irnos ya. Total, que cuando volvió el camarero, y muy a su pesar, le informamos de que no, que aunque nos encantaría probarlo, estábamos llenos y que sólo nos atrevíamos con el postre. Con esa parsimonia que les caracteriza y que ya habíamos visto en otras ocasiones, tardó un montón de rato en traernos el postre. Jaime ya pidió la cuenta para ir adelantando pero no sirvió de nada, tuvimos que pedirla otro par de veces. Cuando conseguimos salir de allí faltaba sólo media hora para que pasara el autobús que teníamos que coger para volver a la Valeta, así que, casi corriendo, vimos un par de calles, una plaza y nos fuimos a la marquesina a esperar a nuestro bus. (Al final ésta es una de las anécdotas que recordamos con más gracia).

Otra curiosidad es que a los pocos días de llegar a la isla, había algo que echábamos de menos y aún tuvo que pasar alguno más para saber qué era: NO había gaviotas. ¿Cómo podía ser? Estábamos en un lugar de costa y no habíamos visto ninguna. Intrigados, buscamos en internet y parece ser que se practica mucho la caza ilegal especialmente de aves, por eso la escasez o ausencia de éstas y otras especies. (Hay una web llamada Birdlifemalta que está luchando contra ello). Una pena…

Disfrutan además, los malteses, de los deportes como el fútbol o el waterpolo, aunque el más popular y característico de la isla son las carreras de caballos, que como comenté en otro post se asemejan a las carreras de cuádrigas romanas en las que el jinete se sienta en una carreta de dos ruedas tirada por el caballo. (Podéis ver fotos y vídeos sobre las carreras en la galería de la web maltaracingclub).

Y, aunque no escuchamos demasiada música maltesa cuando estuvimos por el archipiélago, parece ser que los malteses son grandes aficionados a la música, y la más popular y tradicional del país se llama għana. Puedes escuchar algunas canciones de este tipo aquí o aquí.

Ventana Azul.

Ventana Azul (Gozo).

Pero si hay dos cosas que no olvidaremos jamás de Malta, son dos colores: el amarillo terroso de las rocas calizas de sus acantilados, y, por consiguiente, de los edificios de sus ciudades y el intenso color azul de sus cristalinas aguas.

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6 comentarios en “Curiosidades maltesas

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