Almagro: teatro, bicicleta y otras sorpresas

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Dibujo extraído de un azulejo que fotografiamos.

Hace poco hemos hecho una escapada a Ciudad Real, concretamente a su pueblo más conocido, al menos por el teatro, Almagro.

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Detalle de la Plaza Mayor.

Íbamos atraídos por su preciosa Plaza Mayor y su famoso Corral de Comedias pero, una vez allí, encontramos mucho más.

Llegamos de noche, así que soltamos las maletas en nuestro apartamento y nos dirigimos a la porticada y verdosa plaza.

Riquísimas

¡Riquísimas!

Hacía un tiempo estupendo para ser mediados de octubre, así que nos animamos a sentarnos en una de las terrazas para degustar y reponer fuerzas con uno de los platos estrella de la zona: las migas del pastor.

Estábamos bastante cansados del viaje y después de llenar el estómago dimos un breve paseo y nos fuimos a soñar con los angelitos.

Vistas desde nuestra habitación.

Vistas desde nuestra habitación.

A la mañana siguiente, antes de irnos a visitar los molinos de Campo de Criptana (post que escribiremos en breve), nos acercamos de nuevo a la plaza para comprar unas entradas para ver la obra de teatro La discreta enamorada, de Lope de Vega, en el famoso Corral de Comedias. Nos pareció que sería una experiencia más auténtica todavía que las visitas audioguiadas o teatralizadas que ofrecen.

Entradas al Corral de Comedias.

Entradas para el Corral de Comedias.

Esa misma tarde, una vez de vuelta de “luchar” con los molinos cual Don Quijote de La Mancha, nos dimos una ducha reparadora y nos dispusimos a dar una vuelta por el pueblo antes de que empezara la obra. Pero para nuestra sorpresa, cuando llegamos a la Plaza Mayor había una enorme cola a la puerta del Corral de Comedias que cruzaba la plaza entera. Adiós paseo. En vistas de las circunstancias no nos quedaba otra que ponernos también a hacer cola para evitar quedarnos con los peores sitios, pues las entradas no eran numeradas.

Después de aguantar la espera y ya dentro, hemos de reconocer que merece la pena. Es un lugar mágico.

El escenario tiene dos alturas, la baja con varias puertas y escalinatas a ambos lados y la de arriba es un corredor con tres balcones.

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Ana en el Patio Mosqueteros una vez terminada la obra.

Los espectadores tenemos varias zonas desde las que presenciar el espectáculo. La planta baja se divide en tres partes: el Patio Mosqueteros (lo que hoy conocemos como platea o patio de butacas), la Alojería (la parte de atrás del todo) , y las Galerías (en los laterales). Los pisos superiores se dividen en: la Cazuela (la zona balconada frente al escenario) y Corredores o Aposentos (en los laterales).

Escena de La discreta enamorada.

Escena de La discreta enamorada.

Nosotros disfrutamos de la representación desde la penúltima fila del Patio Mosqueteros. La obra es maravillosa y los actores aún más si cabe. Reímos, reímos y reímos “hasta decir basta”.  Al finalizar la obra, el elenco de actores tuvo que inclinarse varias veces ante el agradecido público que aplaudíamos incansablemente. Creo que unos y otros salimos de allí con una sonrisa de oreja a oreja.

Al salir nos fuimos a cenar al Restaurante La Muralla, donde disfrutamos de un magnífico queso manchego, unas sabrosas chuletillas de cordero lechal y un exquisito ciervo al tomillo. Nos insistieron en que probáramos la tarta de queso manchego, pero muy a nuestro pesar nos fue imposible. No nos quedaba ni un huequecito en el estómago.

Después de otro paseo nocturno por las calles almagreñas, nos fuimos a descansar, que al día siguiente nos esperaban Las Tablas de Daimiel (de las que también os hablaremos dentro de poquito).

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Lo que no sabíamos es que de camino a las Tablas, en el pueblo de al lado, íbamos a encontrarnos con una procesión de almagreños, algunos incluso descalzos, que traían de regreso a su Santísima Virgen de las Nieves.

Nuestro último día manchego, lo dedicamos a callejear por Almagro para seguir descubriendo sus encantos.

Materiales de encajes de bolillos expuestos en una tienda de la Plaza Mayor.

Materiales de encajes de bolillos expuestos en una tienda de la Plaza Mayor.

Descubrimos, por ejemplo, que una de las señas de identidad de esta localidad es el encaje de bolillos. Aunque la actividad ha caído en desuso, en Almagro se esfuerzan por continuar esta laboriosa y bonita tarea.

Descubrimos, como ya veníamos observando desde el primer día, que hacen mucho uso de la bicicleta. No sabemos si será porque “ancha (y plana añadiría yo) es Castilla”, pero vimos a todo tipo de personas y bicicletas circular por las calles a cualquier hora del día.

Descubrimos que los nombres de las calles son de azulejos, y que a parte de que cada una tiene su propio nombre, también tiene su propia ilustración.

El Quijote de hojalata.

El Quijote de hojalata.

Y descubrimos al habitante más conocido de toda Castilla La Mancha. Sí, has acertado, Don Quijote de La Mancha. Sólo que el de Almagro es de hojalata.

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Un comentario en “Almagro: teatro, bicicleta y otras sorpresas

  1. Pingback: Entre gigantes: Campo de Criptana | Instantes en la retina

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