Saint-Émilion, vino y macarons

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De aquí nace el vino de Saint-Émilion.

Llegamos a Saint-Émilion después de disfrutar subiendo y bajando las dunas du Pilat y de pasar unos días por la Bahía de Arcachon, dónde el tiempo no nos acompañó demasiado.

Nosotros íbamos atraídos por la belleza del pueblo aunque, por lo que nos contaron y pudimos comprobar, la mayoría de los turistas los hacen por la reputación de sus vinos.

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De hecho, antes de llegar a esta localidad pudimos contemplar muchos viñedos de aspecto señorial en los que se ofrecían catas de vino con o sin alojamiento.

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Típica tienda de vinos.

Ya en el pueblo, era difícil no encontrarse con una o varias tiendas de vinos a cada paso, así como con personas cargadas con cajas de botellas.

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Saint-Émilion es un pueblecito medieval de estrechas y empinadas calles que nos conquistó a simple vista, antes de conocer siquiera los secretos que esconde.

El primero de ellos es que bajo él se encuentra una extensa red de galerías subterráneas. Una parte de ellas se utiliza como bodegas de vino ya que tiene unas condiciones de temperatura y humedad ideales para ello. Nos gustó mucho visitar dos de estas bodegas por su estética tan curiosa y además porque pudimos olvidarnos un rato del calor que estábamos pasando fuera.

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Torre de la iglesia.

El otro secreto está guardado bajo una inmensa torre que domina la vista del pueblo. Se trata de la Iglesia Monolítica, llamada así porque está excavada de una sola pieza en la roca caliza. Para ver el interior de esta iglesia tuvimos que comprar unas entradas en la oficina de turismo, ya que la visita guiada es la única manera de acceder. En ese momento nos informaron de que está prohibido hacer fotografías durante la visita, por lo que no podemos mostrarte con imágenes lo que vimos.

Al entrar en la iglesia, sus dimensiones nos dejaron sin palabras. Sentirnos tan pequeños en un lugar subterráneo nos sobrecogió. Las columnas originales están ahora sujetas con unos armazones metálicos porque, como nos explicó la guía, están dañadas por el peso de la torre que sostienen. Ésto último nos puso un poco nerviosos.

Con esta misma entrada, también pudimos visitar la Ermita de San Emilión, la Capilla de la Trinidad y una parte de las catacumbas. Nos llamó la atención una “silla” excavada en la pared de la ermita que, según la leyenda, ayuda a que las mujeres que se sientan en ella se queden embarazadas.

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Lo que no es un secreto en Saint-Émilion son los macarons, unas pastas de almendra que se deshacen en la boca. Una pena que quede tan lejos. Si alguna vez tienes pensado dejarte caer por allí, no te olvides de traernos una cajita.

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3 comentarios en “Saint-Émilion, vino y macarons

  1. Pingback: A paso lento (primera parte) | Instantes en la retina

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